Tras el terremoto ¿Cómo guiar a nuestros hijos?


 

Todos hemos vivido el reciente terremoto y nos ha afectado de diversos modos. Los niños manifiestan síntomas y reacciones emocionales que son comprensibles dada la magnitud de la catástrofe. Así, podrían presentar pesadillas, insomnio, temor a dormir solos, poco apetito, irritabilidad, tristeza, llanto, pocos deseos de conversar, ensimismamiento, sensación de angustia, desinterés por jugar, dolores abdominales, quejas inespecíficas, hiperalerta a los temblores (actitud hipervigilante), sensación de mucha vulnerabilidad (miedo a ir al baño solo, a la oscuridad, a la soledad), exceso de apego a los padres, relatar de modo repetitivo sus vivencias durante el terremoto, demasiada sensibilidad, reacciones exageradas ante cualquier estímulo, evitación del lugar donde lo sorprendió el terremoto, entre otras.

Las manifestaciones de estas reacciones dependen de cada niño, de su edad, de las consecuencias materiales que tuvo el terremoto, de la contención que tuvo en su familia, de las redes sociales con que cuenta, etc.

Hay que observar cómo evolucionan estos comportamientos ya que deberían ir disminuyendo en forma paulatina a medida que pasan los días y se normalicen las actividades de la familia.

Los niños cuentan con recursos adaptativos y muchas veces son los adultos los que transmiten sus temores e inseguridades.

Para proteger la salud mental de nuestros niños y ayudar a paliar los efectos emocionales del terremoto se dan las siguientes recomendaciones:

  1. Los padres frente a los hijos pequeños deben tener una actitud de calma y tranquilidad, no transmitirles nerviosismo, ni inseguridad adicional.

  2. Explicarles con un tono de voz calmado que los movimientos de la tierra se van a seguir produciendo pero que van a ser de menor intensidad.

  3. Tener un plan de acción en el hogar para cuando se produzcan temblores y contárselo a los niños. Deben saber con claridad en qué lugar de la casa se van a juntar, dónde están las linternas, quién va a dar las instrucciones. A los niños les da confianza saber que los adultos en el hogar han tomado medidas de cierta seguridad (mantener las llaves del gas cerradas si no se ocupan, tener envases con agua, linternas con pilas, etc). Los niños son buenos para ayudar, se les puede asignar una tarea.

  4. No mentir a los hijos. Ante sus preguntas hay que entregar información veraz, clara y sencilla. Evitar respuestas exageradas, fantasiosas, ni atemorizarlos más de la cuenta.

  5. Evitar que los niños estén permanentemente recibiendo la información de los efectos del terremoto por la TV o radio, procurar que retomen sus juegos y juguetes. Poner música en el hogar. Exhibirles películas no violentas y mejor aún, jugar y compartir con ellos.

  6. Es probable que el niño a través de sus juegos repita la experiencia del trauma del terremoto, no impedírselo. Expresar su sentir a través del juego es terapéutico. Si percatamos que juega al “terremoto” en forma repetitiva y compulsiva, orientarlo discretamente a otros juegos y motivarlo con otros intereses o actividades.

  7. Permitir que el niño exprese sus sentimientos respecto a lo que le provocó el terremoto y las posteriores noticias al respecto. No es recomendable que el niño pase varias horas al día en juegos de computador o video juegos. Hay que procurar conversar, tener contacto visual y corporal con el niño. Abrazarse y acariciarse son comportamientos reconfortantes para todos.

  8. Regularizar los horarios de comida y de sueño, sabiendo además que se aproxima el inicio de las clases y que, aunque nos cueste separarnos de ellos, las actividades de la vida diaria van a continuar.

  9. Los niños pueden darse cuenta que sus padres están tristes o preocupados, pero es importante que no los perciban descontrolados.

  10. Expresar cariño y apoyo a los niños, demostrar confianza en ellos, reforzar su autoestima, hacerlos sentir capaces y resaltar sus dones.

Con la colaboración de Pilar Bustamante, Psicóloga Clínica de Centro Médico Pediátrico Clínica Santa María.

 
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