Técnica que ayuda a reactivar el cese de las funciones vitales del organismo, como la respiración y actividad cardiaca.
Las principales causas que llevan a un paro cardiaco en los menores de ocho años, son aquellas que comprometen primariamente la función respiratoria (neumonía, laringitis, asfixia por inmersión, entre otras), los cuales pueden evolucionar a un compromiso de conciencia o a un paro cardiaco. El compromiso cardíaco inicial es menos frecuente.
Cuando una persona se ve afectada por alguna de estas complicaciones, es posible que inicialmente se comprometa el cerebro, debido a que no puede permanecer sin suministro de oxígeno. Si esto ocurre, es posible que existan daños irreparables, por lo que conocer las técnicas básicas de reanimación es fundamental.
- ¿Cómo debemos actuar?
Primero, tenemos que darnos cuenta si es posible que este hecho evolucione a un eventual paro cardiaco y, si así, anticiparnos al el. Si el paciente respira en forma rápida, se le hunden las costillas y el esternón, está pálido y luego pasa a un color morado, son signos que sugieren una posible falla respiratoria.
En los niños el compromiso hemodinámico, ya sea por deshidratación severa o por un proceso infeccioso grave puede llevar a una falla cardiorrespiratoria, debido a que la sangre no llega en forma adecuada a órganos como el cerebro, riñones y corazón.
Por lo tanto, si el pequeño se ve pálido, ojeroso, quejumbroso, respira rápido, no orina u orina poco, el organismo comienza a aumentar la frecuencia cardiaca para así poder compensar el líquido que le falta acelerando el corazón”, explica la Dra. Leticia Yánez, médico jefe de la Unidad de Paciente Crítico Pediátrico (UPCP) de Clínica Santa María.
Si observamos estos signos debemos consultar precozmente, pero si encontramos ausencia de respiración y pulso se debe iniciar la reanimación.
Antes de realizar este proceso es necesario evaluar si la persona está consciente, agitada, desmayada, conversa en forma normal o con dificultades para decidir qué hacer y constatar si hay o no otro tipo de lesiones y daños neurológicos. “Si es menor de ocho años debe evaluar, actuar rápido y finalmente pedir ayuda. Mientras que en los adultos y mayores de ocho años, tiene que pedir ayuda y luego iniciar la reanimación, ya que a esta edad se asume que la persona podría estar frente a un cuadro de causa cardiaca, por eso primero debe llamar a un especialista”, asegura la Dra. Yánez.
- Métodos de Reanimación
En caso de emergencia, lo primero que debe hacer es ver si se mueve el tórax, escuchar si la persona respira y sentir flujo de aire.
Una vez hecho esto, extienda la cabeza levemente y eleve el mentón. Esto permite abrir la vía aérea para que pase el flujo de aire. Si hay traumatismo solo eleve el mentón, ya que la extensión puede producir lesión de la médula cervical si hay lesión a ese nivel.
Si la persona comienza a respirar, póngala en posición lateral con la pierna recta sobre la cual se apoya y la que queda arriba flectada apoyando la rodilla en el suelo. De esta manera, la persona seguirá respirando espontáneamente y, en caso de presentar vómitos, éste pueda fluir hacia fuera y no obstruya la vía aérea.
- ¿Qué pasa cuando no respira?
Si debe hacer respiración boca a boca:
- Cierre las fosas nasales apretando la nariz con sus dedos. - Selle con sus labios el contacto boca a boca (si el paciente es un lactante, la boca del adulto debe cubrir la boca y nariz del pequeño). - Realice dos respiraciones -insuflar y separarse, insuflar y separarse-. - Mantenga la vía aérea permeable. - Palpe el pulso carotídeo con dos dedos -medio a índice- deslizándolos a un costado de la traquea entre cinco y 10 segundos.
Si hay pulso, pero no se ha restablecido la respiración, continúe con 15 respiraciones por minuto, con un flujo constante en un ritmo que sea capaz de mantener y sin agotarse. Después de repetir 15 veces la maniobra vuelva a evaluar.
- ¿Qué hacer cuando no hay pulso?
Si esto ocurre, está frente a un paro cardiorrespiratorio, por lo que debe iniciar compresiones torácicas alternadas con respiraciones. Si está solo haga 30 compresiones torácicas y luego dos respiraciones boca a boca. Si hay dos operadores la relación es 15 compresiones a 2 respiraciones.
En un lactante el masaje se hace con dos dedos sobre la punta inferior del esternón en una línea imaginaria que une las mamilas, en niños mayores se usan ambas manos, ubicando el talón de la mano diestra sobre esta línea y la otra mano sobre la primera, con la que debe entrecruzar los dedos y comenzar el masaje.
La posición debe ser de rodillas a un costado, perpendicular al eje del paciente en ángulo recto, ejerciendo el peso del cuerpo hacia la caja torácica de la persona que recibe la ayuda. En adultos se debe hundir 2,5 centímetros de profundidad, en niños 1 a 2,5 centímetros y en lactantes uno a dos centímetros.
Esta maniobra debe realizarse en forma continua hasta que llegue el apoyo médico.
Cuando hay una obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño, tanto en niños como en adultos hay que hacer una compresión abdominal que haga expulsar el cuerpo extraño, llamada Maniobra de Heimlich. “Si el afectado aún está conciente, párese detrás de él y ubique con el puño la boca del estómago que está entre el ombligo y el borde costal. Empuñe la mano, abrace por atrás y ejerza una compresión fuerte y enérgica hacia atrás y adelante.
“No obstante, es recomendable que al realizar estas maniobras la persona esté calmada y pida ayuda lo antes posible, para que el afectado sea atendido por personal especializado”, enfatiza la especialista.
Con la colaboración de la Dra. Leticia Yánez, médico jefe de la Unidad de Paciente Crítico Pediátrico de Clínica Santa María.